En lo Profundo de tu Alma
Bella
―Bella ¿qué tienes pensado hacer el día de hoy?
―. Parecía bastante ansioso y no me pareció algo normal en él.
―Pensaba llevar a Lizzy conmigo al parque y luego ir de compras juntas―.
Al parecer mi respuesta no era lo que esperaba porque la decepción era palpable
en su rostro.
―Oh. Si eso esta bien―. Da media vuelta dispuesto a irse y me entra
pánico por su reacción.
― ¡No! Yo… quiero decir que estaría estupendo que nos acompañaras.
― ¿En serio? Bueno, me encantaría.
―Bien ¿me acompañarías a bañar a Lizzy?
―Por supuesto… amor―. Él aun parecía cauteloso respecto a mí. No me
llamaba “amor” como antes de que todo pasara y por supuesto eran contadas las
ocasiones en que habíamos tenido un encuentro cercano.
Hacia mas o menos un mes que estábamos juntos como familia nuevamente,
aunque en realidad antes no vivíamos juntos pero la conexión era profunda.
Ahora ya que yo no puedo vivir sin Elizabeth y Edward al parecer tampoco de mi.
Decidimos vivir juntos e intentarlo. No estoy cien por ciento segura de que
este funcionando, sin embargo, todo tiene que seguir su curso.
―Vamos entonces―. Juntos llevamos a nuestra pequeña bebé al cuarto de
baño y en una pequeña tina la estábamos bañando.
― ¡Edward sostén fuerte su cabecita!
―Eso hago Bella.
―No, no lo estas haciendo como te digo y Lizzy puede resultar herida.
― ¿Estas diciendo que seria capaz de lastimar a mi propia hija?
― ¿Qué? Por supuesto que no, solo estoy tratando de indicarte como debes
hacerlo mucho mas divertido para Lizzy y más sencillo para ti―. Luego de irnos
al cuarto de nuestra pequeña y llevar algún tiempo bañando a Lizzy teníamos
ciertas diferencias en lo que a esta parte de ser padres se refería.
―La he bañado muchas veces de esta forma, tomo su cabeza y con la otra mano
baño su cuerpo. No entiendo a que viene ese ataque sobre el baño. ¿Qué sucede
en realidad Bella?
―Yo….
A esta altura no sabia bien que pasaba, supongo que era envidia. Sentía
que era un momento tan hermoso y único como cualquier otro junto a Elizabeth y
el que lo estuviera compartiendo junto a Edward era magnifico, pero quería este
momento únicamente con mi niña.
―Supongo que aun no te
acostumbras a que compartamos los tres juntos ¿verdad? ―. La tristeza era
evidente en su voz y sus ojos rehuían los míos. Estaba hiriéndolo y eso me
oprimía el corazón.
―Lamento esto Edward, es solo yo…
―Aun no confías en mí.
―No, eso no es cierto, Lizzy y tú son lo mas importante en mi vida. Lo
que sucede es que en este momento siento que nosotros…quiero decir tú y yo…
―Llevemos a Lizzy al cuarto y la vistes, así tienes un momento con ella.
¿Te parece? ―. Intento sonreír pero aquel brillo en sus ojos no estaba.
Llevamos a Lizzy y me dejo a solas para que pudiera vestirla mientras el
salía silencioso de la habitación. En un silencio tranquilo vestí a mi pequeña
bebé y por momentos reía y balbuceaba, estábamos disfrutando de aquel momento y
eso me hacia muy feliz.
―Te amo pequeña Elizabeth. ¿Me amas bebé? ―. Río y alzo sus pequeños
brazos agitándolos en el aire, tomé aquello como una afirmación y besé sus
regordetas mejillas.
―Estas lista pequeña. Es hora de que te quedes un ratito en la cuna
mientras mamá va a charlar con tu padre―. Ella pareció entender la importancia
de esa charla y con sus pequeñas me hizo saber que estaba conmigo.
―Te quiero Lizzy. Prometo que no tardaré y luego iremos juntos al
parque―. Besé su cabecita y me lleve el monitor de bebé.
Edward me esperaba en la sala, estaba de espaldas mirando lo que parecía
una fotografía sobre el buro de la chimenea.
―Edward―. Fue un simple susurro que le hizo darse vuelta y mostrarme el
dolor en sus ojos.
―Las cosas no volverán a ser como antes ¿verdad? ―. No supe que decir,
porque en realidad las cosas nunca podrían ser como antes.
―Es verdad, nada podrá volver a ser como antes. Lo siento.
―No lo sientas, sabia que en solo un mes nada se solucionaría como
quisiera. Las cosas entre nosotros son cautelosas e incluso dolorosas―. Asentí.
―En este momento solo me queda una última pregunta que hacerte, todo
depende de ti―. Eso me aterró, yo no quería que nada terminara.
―C-claro dime.
― ¿Puedes confiar en lo que tenemos?
― ¿Qué quieres de-cir?
―Eres la mujer mas importante en mi vida Bella, junto a Elizabeth y he
intentado por todos los medios que seas completamente feliz. Una vez dañé todo
o poco que teníamos y no pienso volverlo a hacer.
―Yo, estoy segura de que no piensas hacerlo, pero no creo que tenga una
respuesta ahora mismo―. Ansiosa lo observé, quería que entendiera.
― ¿No tienes una respuesta? ¿A que te refieres?
Negué suavemente, no podía, no ahora. ¿Por qué tenia que preguntar eso
justamente ahora? No lo hagas ahora amor te lo suplico.
― Dime Bella ¿puedes confiar en nosotros? ―. No puedes hacernos esto, él
de todas las personas no puede hacer esto.
―No puedes hacerme esto Edward, no puedes hacernos esto―. Él me miró sin
poder creer mis palabras.
― ¿No puedo hacerte que exactamente Bella? De verdad me gustaría saberlo
y así tal vez entenderte.
―Yo…
Y una sonrisa triste cruzó su rostro, negó despacio y finalmente sus
ojos conectaron con los míos. Allí pude ver tanto dolor y tanto sufrimiento.
Dios no, este no era mi Edward, este era un hombre derrotado y dolido, un
hombre que no tenia intención de luchar.
―Edward yo lo…
―Es tarde, será mejor que pida algo para almorzar e iré a ver a
Elizabeth―.
Él simplemente cortó cualquier cosa que fuera a decir y con aquella
mirada de desilusión pasó por mi lado.
Ahogué un grito tapando mi boca con las manos, acabo de dañar algo
completamente irreal, lo mejor de mi vida. Estaba teniendo la oportunidad de
hablar y sincerarme con Edward, respecto a mis miedos, en cambio omití todo lo
que debí haber dicho. Ahora no quedaba más que un corazón desilusionado y una
mente confusa y estúpida.
Regresé a la habitación, y me cambie con unos sencillos jeans y
zapatillas. Ahora la verdad es que me asustaba lo que pudiera venir. Estaba viendo
por la ventana completamente pérdida en mis pensamientos, cuando sentí sus
pasos dentro de la habitación, hubo un poco de ruido en el baño y minutos
después apareció afeitado y con una expresión triste.
―Elizabeth esta tranquila y venia a preguntarte que querías de comer.
―Edward podríamos…
―No ahora Bella, quiero poder procesar todo y cuando me sienta listo
hablaremos, te lo prometo. Además deberíamos comer algo, tal vez comida tailandesa
o mexicana―. Él pedía tiempo para asimilar las cosas, solo me preguntaba que
era exactamente lo que debía analizar.
―Yo… si, lo que quieras estará bien para mi―. Asentí no muy convencida.
Minutos después que parecieron horas eternas para mí, Edward llego al
departamento mientras estaba con Lizzy jugando un poco en la habitación
principal.
―Espero que todo esté bien. ¿Qué tal se ha portado mi pequeña ratoncita?
―. Edward se asomó en el lindel de la puerta y una vez consiguió la atención de
Lizzy la cogió en brazos.
―Eres hermosa y el más perfecto bebé que jamás haya podido regalarme la
vida―. Y eso fue sin duda algo que hizo a mis ojos aguarse rápidamente.
―Se ven tan bien juntos.
Edward volteo rápidamente a verme y me di cuenta de que ese no había
sido exactamente un pensamiento y había salido de mis labios sin siquiera poder
retenerlo.
―Gracias, ahora vamos a almorzar y luego podemos ir al parque un rato―.
Aquella sonrisa con la que me hablo no logro llegar a sus ojos.
―Si.
Fuimos a la mesa y Edward sentó a Lizzy en su sillita, luego trajo la
comida al parecer Tailandesa y sirvió en los platos respectivos. Comimos en
total silencio y de ves en cuando nuestras miradas se cruzaban, la interacción
de ellos dos me enternecía y adoraba ver los hoyuelos en las mejillas de mi
bebé, era tan hermosa y alegre. Por supuesto no merecía que yo tuviera tantas
inseguridades respecto a la relación con su padre.
Todo tiene solución o por lo menos es algo que deseo sea completamente
verdad. El algún momento de la cena el silencio se hizo tan tenso que
únicamente los balbuceos de mi bebé y su hermosa risa eran lo que evitaba que
el lugar pareciera un funeral.
―Ahora iremos a pasear un poco, ¿te parece mi pequeña? ―. Ella balbuceó
feliz y con sus manitas llenas de comida salpico en la mesa al agitarlas sobre
su cabeza.
No quería romper aquel momento y estaba tan absorta que no escuche a
Edward llamarme hasta que toco mi hombro, llamando mi atención al instante.
―Bella, ¿Bella?
―S-i ¿dime?
―Te pregunte si quieres venir con nosotros―. Estaba aturdida y asustada,
no entendía hasta que punto el hecho de que Edward estuviera distante conmigo
me hiciera sentir de aquel modo.
―Yo…
―Entenderé si no quieres, solo esperaba que tu…
― ¡No! ―. Prácticamente grité, no debía pensara todo al revés como venia
haciendo.
―Tranquila, no te preocupes será como tu quieras nosotros…
― ¡No! Edward, no. Déjame terminar por lo menos una frase en el día.
Claro que quiero ir contigo y Elizabeth, seria maravilloso pasar todo un día en
familia―. Sonreí esperanzada, debía hacerlo entender.
―Esta bien, podrías abrigar a Lizzy mientras yo recojo la vajilla―.
Aunque lo intentó no pudo esconder aquella sonrisa que hizo brillar sus ojos
durante unos segundos.
Asentí de acuerdo y llevé a Elizabeth entre mis brazos, llenándola de
besos y palabras dulces, amaba consentirla cada segundo por todo el tiempo que
no tuve a su lado. En cuanto la deposite en el cambiador limpie su hermosa
carita con paños húmedos, aunque parecía más fascinada con alcanzar el tarro de
los mismos que cualquier otra cosa.
Una vez estuvimos listas y en la puerta, Edward salió de la cocina con
una cesta de picnic. Una sonrisa que no llegaba a sus ojos y una pequeña pelota
de juegos.
….
Diez minutos después nos encontrábamos en el parque cercano al
departamento completamente instalados sobre la manta a cuadros y una Elizabeth
alegre y sonrojada. Frente a nosotros había varias familias disfrutando del
hermoso y cálido día, los niños jugaban y una que otra pareja se demostraba que
los besos son un buen conjunto de amor y satisfacción.
Lizzy llamó mi atención al lanzar el balón en mi dirección. Ella estaba
tan alegre y vivaz, sentía envidia de su mundo de colores en donde nada podía
perturbarla y todo parecía perfecto. Edward estaba distraído viendo hacia el
otro lado del parque, no me atrevía a preguntarle que pasaba por su mente,
suficiente tenia con que ya no me hablara como para agregarle un disgusto mas.
― ¿Crees en los finales felices? ―. ¿Qué? ¿Por qué pregunta eso?
―Yo… bueno no se, la verdad siempre he creído en que no todo es color
rosa. Pero supongo que para ciertas personas si los hay―. Asintió. Ni siquiera
sabia con certeza si lo que dije tenia sentido.
―Cuando era pequeño, mi madre decía que los cuentos siempre tienen un
final feliz pero la vida de los que crean esos cuentos muchas veces no tenían
ese final de cuentos. Y me preguntaba si algún día yo tendría una aventura tan
grande en la que lucharía contra dragones y guerreros para enamorar a la
princesa. ¿Pero sabes que no me pregunte nunca? ―. Negué, sabia que era pero
quería escucharlo de él.
―Nunca me pregunte como seria mi final, ni siquiera lo pensé, no me
interesaba solo quería tener lo que esos príncipes tenían. Una bella princesa a
su lado. Y cuando la encontré, no pude ganar la batalla aunque parecía que si
tenia la guerra en mis manos―. Oh Edward.
―Ahora me pregunto. ¿Eres tú mi princesa?
―Me encantaría ser tu princesa. Solo no se como evitar que el enorme
dragón te dañe tanto como lo ha hecho conmigo.
Él a pesar de todo me dedico una sonrisa triste y tomó a Lizzy entre sus
brazos, se levantó. Imité sus movimientos y quede frente a las dos personas más
importantes en mi vida.
― ¿Estas segura de querer eso Bella?
―Si, es lo que mas deseo.
―Hace unas horas me diste a entender que no podías confiar en nosotros. ¿Como
lo puedes hacer en minutos? ―. Su mirada parecía querer penetrar en el fondo de
mi alma.
―A veces solo necesitas unos instantes para comprender la melodía mas
complicada, ¿por qué no podría yo entender tu palabras? Amo a Elizabeth y a ti
mas que a nada en el mundo, incluso mucho mas que la música.
Y aquella sonrisa que me brindo fue la mas sincera que haya visto en
todo el día, era una sonrisa radiante y que hacia ver un brillo especial en sus
ojos. Lizzy estaba incluso mas alegre, jugueteaba con la camisa de Edward y reía,
reía feliz y dichosa.
― ¿Confías en nosotros? ―. Nuevamente aquella pregunta, ¿tenia una
respuesta? Si, claro que si.
―Si.
―Entonces acompáñame, ya deberíamos estar en casa―. Lo seguí llevando la
cesta de comida y con un calor agradable en mi corazón. Al llegar al
departamento Edward se encargo de alistar a Lizzy para dormir, mientras yo
hacia la cena.
…..
― ¿Estas seguro de que no debería comer algo más? ―. Según Edward
Elizabeth había comido demasiado y cualquier cosa le sentaría mal, sin embargo,
eso no terminaba de convencerme.
―Completamente seguro Bella, podría ser dañino que coma tanto en tan
poco tiempo. Ahora solo comamos nosotros y hablemos.
Por supuesto esa conversación me asustaba, igual que cualquier otra en
la que él utilizaba ese tono y el producto final podría ser desastroso para mi corazón.
Una vez terminamos de cenar y dejar todo en orden fuimos a la habitación.
Edward parecía nervioso, abría y cerraba la boca sin poder decir palabra
alguna. Se sentó a mi lado en la cama y desordenando sus cabellos me observó
decidido.
―Debes seguir tus estudios de música, no debes dejarlos por nosotros―. Y
de todo lo que pudiese decir, él salía con eso.
― ¿Qué?
―Eso, que deberías seguir con la música, tocando el pian y componiendo. Se
lo mucho que lo amas y no quiero que por Lizzy y por mi lo dejes.
―Nunca he pensado en dejar de estudiar, tienes razón en que amo hacerlo.
Pero te equivocas en pensar que ustedes dos son un obstáculo porque no es así,
los amo mucho más que a la música.
―Pero parecía que…
―Todo lo que ha pasado últimamente me ha dejado un poco abrumada, de
hecho aun no termino de procesar el que tu y yo estemos juntos o que por fin
tenga a Lizzy conmigo. Nunca he dejado mis estudios, solo los he aplazado unos días.
― ¿Hace cuanto no vas a la academia?
―En realidad las clases terminaron hace poco mas de dos mes, e iniciaron
hace una semana.
― Bella y ¿no crees que debiste haberme dicho eso hace mucho?
―La verdad es que he dejado de pensar en ello desde que me buscaste,
bueno en realidad yo te busqué, pero eso no importa. Lo importante es que quiero
que retomemos lo que dejamos y…
―Tranquila Bella, las cosas no pueden volver a ser como antes, tenemos
que crear nuevos momentos. ¿Estas dispuesta?
―Si, lo estoy como nunca antes―. Edward me encerró entre sus brazos y enterró
su rostro en el hueco de mi cuello. Este último mes había sido realmente
extraño y definitivamente nada entre nosotros volvía a ser como antes, pero
como dijo podemos crear nuevos momentos.
―Nada será fácil.
―Lo se, pero nadie dijo que la vida es sencilla y mucho menos solucionar
problemas familiares, pero de eso se trata el camino ¿verdad? Podemos juntos
amor―. Lo dijo, finalmente lo dijo.
―Lo hiciste―. Se veía confundido.
―Me llamaste amor, desde que nos rencontramos no lo has hecho y supuse
que ya no me amabas.
― ¿Cómo rayos llegaste a esa conclusión?
―Bueno tu, realmente yo…
―Nunca lo dije porque no quería presionarte y supuse que las cosas deberían
ir paso a paso―. Y a esto se reduce todo, él siempre quiso lo mejor para mi.
―Nunca quise que sintieras que no te amaba. Lizzy y tú son lo único por
lo que este pobre músico aun siente un sonido.
―Edward…
―Lo lograremos mi amor―. Asentí y sabía que aunque tropezáramos nuestra
familia estaría unida.
Horas después estábamos en la cama abrazados al otro y disfrutando de
las caricias mutuas junto a los besos. Habíamos ido a acostar a nuestra Lizzy y
darle el beso de las buenas noches. La perfecta burbuja luego de un día
agotador fue rota por un estridente sonido que resonó en la habitación.
―No contestaré, asumamos que no existe.
Reí por su extraña lógica, no se podía fingir que el estruendoso aparato
no existía cuando sentía que quedaría sin tímpanos y posiblemente una migraña.
―Menos mal que la habitación es a prueba de ruidos y que tenemos el
monitor al lado. De lo contrario tendríamos a una muy molesta Elizabeth por ser
despertada―. Sentí su pecho retumbar a causa de la enorme carcajada que salió
de su boca.
―Contestaré.
Luciendo su varonil cuerpo se levantó y al encontrar su teléfono móvil contestó.
― ¿Diga? ―. Parecía nervioso y preocupado, ¿Qué estaría sucediendo? ¿Una
mala noticia?
―Mierda, si por supuesto. Estaré allí lo más pronto posible, no era mi intención
que eso sucediera―. Rastrillaba su cabello una y otra vez con sus dedos y eso
empezaba a preocuparme, lo que sea que le estuvieran diciendo no presagiaba nada
bueno.
―Muchas gracias por su llamada y de verdad lo lamento. Si no hay
inconveniente ¿puedo llevar a mi familia?
―Si señor, en serio lo lamento. Si hasta luego.
¿Qué? ¿Irnos? ¿Quien podrá ser la persona que esta al otro lado de la línea?
Los nervios están tomando control de mi cuerpo lo cual no es bueno. Una vez
corto la llamada volteó a verme y la preocupación era evidente en su rostro.
―Bella…
― ¿Quién era? ¿A donde vamos? ¿Qué te dijeron? ―. Necesitaba respuestas
y rápido, así que mi verborrea salió sin control.
―Puedo contestar una a la vez. Y lo siento, era…
― ¿Si?
―Era France.
Oh no, esto no era posible. Justo cuando todo empieza a tener forma un
yunque cae sobre nosotros haciendo mucho más incierto el futuro y no de una
manera alentadora. No era la persona que esperaba y ciertamente no seria nada
bueno, nunca lo fue.
France.
____________________________________
Y se que no tengo palabras para expresar lo apenada que estoy, muchas me han dicho que esperan ansiosas esta historia. Les agradezco muchisimo la paciencia a las que aun perseveraron y esperaron porque ahora son recompensadas, deseo sus criticas constructivas y sus opiniones, ademas les anuncio que esta historia tendra unos quince capitulos nada mas. Ahora a disfrutar.