domingo, 19 de junio de 2011

Capitulo 5: Reconociendo Sentimientos




Reconociendo Sentimientos

Bella


―Bella. ¿Estás bien? ― pregunto Felix, una vez dejo la bandeja sobre la mesa y se sentó a mi lado, aturdiéndome más con su aroma.

―Si.― murmure suavemente. Todas las palabras habían abandonado mi cerebro, no sabía que decir o hacer, y definitivamente en su presencia me estaba volviendo idiota.

― ¿Segura? Pareces a punto de desmayarte, de seguro es porque no has comido nada últimamente y eso no es bueno, ni para ti, ni para él bebe― Dijo completamente serio.

―Sí, seguro, es solo que…

Alzo una ceja esperando que continuara, pero su sonrisa me deslumbro por completo. ¿Desde cuándo ponía tanto empeño en notar sus atributos, cuando nunca me había interesado por otro hombre que no fuera Edward?, su nombre dolía aun, a pesar del tiempo, seguía grabado a fuego en mi memoria. Solo que ahora otro nombre ocupaba gran parte de mis pensamientos.

―Felix, yo.― que mierda iba a decir. Veras Felix creo que estoy enamorada de ti y hasta hace unos minutos me di cuenta. Sí, claro, no podría decirle eso.

Que mierda me sucedía en este momento. Me encontraba a punto de un colapso de proporciones catastróficas. Cielo santo, no sabía que hacer o decir, las palabras se esfumaron. Felix esperaba una respuesta con el ceño fruncido y la curiosidad en sus ojos era plenamente visible.

―Yo… bueno, veras, yo. ― balbuceaba incoherentemente. Y ahora que le digo.

―Que sucede Bella, te noto nerviosa, ¿pasa algo? ― pregunto preocupado y tratando de encontrar algún vestigio de mi verdadero estado de ánimo. Dice que soy un libro abierto, tiene toda la razón.

Respire hondo y respondí.

―Me entere de algo, que me dejo pensativa, no pretendía escuchar, solo que no pude irme y me dejo pensando muchas cosas que creía ya cimentadas.―dije en un susurro apenas audible.

― ¿Y que fue eso? ― pregunto suspicaz.

No creo que haya intuido algo, pero me aterra decirle la verdad, aunque técnicamente el debería ser sincero conmigo respecto a lo que siente, mas no lo hizo y ni piensa hacerlo.
Pero en su situación haría lo mismo, no tendría el valor de enfrentarlo y decirle todo aquello que le dijo a Jane, soy como mi padre, me avergüenza mostrar lo que de verdad siento en muchas ocasiones.

―Veras…

Bueno, aquí voy. Junte mis manos sobre mi vientre y las quede viendo como si fueran lo más interesante en el mundo. Susurrando despacio empecé.

―Escuche por accidente una conversación que tenían tú y Jane en la cocina, justo cuando bajaba a desayunar. No quise hacerlo intencional, pero llamo mi atención escuchar mi nombre de tu parte, con tanta vehemencia.

― ¿Qué escuchaste? ― pude escuchar el temor en su voz.

―Dijiste que me querías y era imposible que yo supiera la verdad de tus sentimientos si aún amaba a Edward. Yo… escuche todo.― me obligue a decir en una voz bastante baja.

―Oh, bueno, así que lo escuchaste todo. Pues ya lo sabes, mis sentimientos hacia ti, lo que causas en mí no lo sabes del todo, pero es un inicio. No quería que te enteraras de todo, porque en efecto tú sigues enamorada de otro hombre y dudo que dejes de hacerlo.

Yo verdaderamente no sabía que decir, no tenía idea de lo que de mi boca pudiera salir, si tan solo la abría un poco. Temía verlo a la cara, y descubrir todos aquellos sentimientos de los que hablaba y que me atormenten más, que me confundan más de lo que estoy. No es justo ni con él, ni con mi salud mental seguir hablando de esto, necesito procesar todo de una manera más calmada.

―Estoy segura que necesitas pensar las cosas mejor, yo lo necesito, ordenar mis ideas y no sentirme en un callejón sin salida. Quiero que los dos estemos en condiciones de hablar sin alterarnos, y quiero tomar mi desayuno si no te importa.― finalmente levante el rostro y pude ver su expresión, dolida y desesperada, me sentí mal, no merecía que un hombre como el me quisiera si iba ver esa expresión en su rostro. Sin embargo finalmente relajo sus facciones y asintió, se dio la vuelta y al llegar al picaporte giro levemente el rostro en mi dirección.

―Las palabras pueden cambiar, pero los sentimientos no.

 Sin darme tiempo a decir algo, salió de la habitación. Eso definitivamente no era lo que esperaba.

****

Las palabras bien dicen se las lleva el viento. Más el corazón es una marca indeleble de lo que verdaderamente sentimos. Es aquel que nos muestra la verdad, que nuestra mente quiere borrar. Lejos, los sentimientos se hacen forzados e inútiles, pero encuentras un respiro en algo nuevo y pacífico, por no decir menos. Una vida monótona y sin baches. Una vida ideal, de cuentos con príncipes y princesas que viven felices por siempre.

―Llegue a creer en esas historias, y la vida me ha demostrado que para mí no existen y nunca lo harán.― dije con una sonrisa triste mientras acariciaba mi vientre.

―Pero estoy segura que tu si la tendrás, mi amor. Estaré allí en primera fila viendo tu elección.

“Seguro será mejor que la mía”

Pero sobre todo, pude darme cuenta de muchas cosas. Verdades que intentaba ocultar, pero que ni yo misma conocía, aun no tenía plena consciencia del tamaño de aquellos sentimientos, pero de lo que si estaba segura, era de que algunas oportunidades no se presentan dos veces. Ninguna.

Felix.

Él siempre tuvo sentimientos hacia mí, más que una amiga, me veía como mujer, veía en mí a una mujer, a pesar de estar embarazada. Nunca he sabido de un hombre que vea atractiva a una mujer embarazada, pero Felix me sorprendió nuevamente. Y pensar que aquellos sentimientos que creía solo podría sentir por alguien que estuvo allí, a mi lado en todo momento. Al irse, sin pensarlo, me dio la oportunidad de conocer otro estilo de vida, una familia, amigos. Sentirme útil, sentir que podía ser una buena madre para mi hijo, pero sobre todo me dio la oportunidad de encontrar un nuevo amor.

Felix  se había convertido inconscientemente en alguien muy importante para mí, en mi compañero fiel, mi timón, mi ancla y  más que nada, mi sol personal. Sin saberlo, o más bien sin querer verlo, Felix estaba ocupando un gran lugar en mi corazón. No estaba segura de sí era tan grande como el amor, solo que era muy intenso.
Unos toques en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Mis propias aclaraciones.

Siga.

La puerta fue abierta suavemente y por ella entro la persona que menos espere ver en ese momento. Aunque no sabía a quién esperaba en realidad.

No lo niegues. Esperabas que fuera Felix.

Mi consciencia hizo su perfecta aparición, nada oportuna en realidad. Pero debo reconocer que la verdad siempre está allí aunque no quieras verla ni reconocerla. Que irónico.

Bella.

 Jane. ¿Qué haces aquí?

Pero si yo también me alegro de verte, que dulce en venir. Oh, hace cuanto no conversamos?

Jane. Sabes que te quiero mucho, pero solo me extraña que estés aquí.

La verdad no entendía a que venía esa mirada ni mucho menos la visita. A menos que…

― ¿Estás aquí por?...

Simplemente quiero charlar un rato con una buena amiga, nada fuera de lo común.― me interrumpió al tiempo que se sentaba en el borde de la cama. Se encogió de hombros restándole importancia a lo que había dicho.

Sabes tan bien como yo que no vienes a hablar de trivialidadesaclare levantando una ceja inquisitivamente.

Bien.suspiro resignada, bajo la mirada y cuando la levanto nuevamente vi decisión en sus ojos miel.

Quiero saber que sucedió cuando Felix vino a tu habitación.

Ok. Eso no me lo esperaba, pero tampoco que fuera tan directa, aunque viéndolo desde cierto punto de vista lógico, era obvio que Jane no se iría por las ramas y me hablaría directamente. Aun así no me encontraba preparada para hablar tan pronto, hace apenas unas horas que me había enterado de todos aquellos sentimientos de Felix hacia mí y por si fuera poco había hablado con él al poco tiempo.

Jane, yo.

Suspire y cerré los ojos, intentando que nada de esto me sobrepasara y terminara llorando desconsolada. Sabía que lo único que buscaba era mi felicidad, como muchas veces me lo hizo saber.

“Mereces todo aquello que la vida te ofrece, sobre todo si es a nuestro lado. Vive por ti y por tu hijo. Vive para ser feliz.”

Aquellas palabras tenían tanto sentido en este momento. Tanta verdad había en ellas, pero bien dicen, cada golpe que recibes deja cicatrices.  Al abrir nuevamente los ojos, estaba decidida a ser aquella Bella que una vez fui, fuerte y sencilla. Dulce y decidida.

No es momento para ello, aún estoy procesando todo lo que acaba de pasar, y quiero estar sola.me sentí libre al haber dicho aquello, pero sobre todo me agrado ver una gran sonrisa en el rostro de Jane. Debió ver mi incredulidad porque se apresuró en aclarar.

Esa es la Bella que supuse había debajo de la mártir y auto flageladora mujer que has mostrado en todo este tiempo que llevo conociéndote. Cuando llegaste a esta casa, eras tan apagada y alejada. Pero poco a poco te abriste y mostraste tu dolor, tus sentimientos.

Volteo la mirada y rio negando suavemente, tal vez recordando. Cuando fijo su mirada nuevamente en mí, me dejo en completo shock.

Te encerraste en esa mujer auto compasiva, te revolcabas en tu dolor y aunque lo entendía, no podía soportarlo, no he sentido por lo que has pasado, pero estoy segura de que mi historia puede serte útil, para ver que todo puede superarse. Y ahora te veo, con esa mirada segura y determinante, con tu postura firme, estoy más que segura que esta es la Bella que todos deben conocer, una mujer fuerte y tenaz, pero también amorosa y sencilla.

Sonrió abiertamente y me abrazo, aquello fue más de lo que podía procesar en aquel momento, pero sabía que cuando todo en mi cabeza estuviera en orden sabría encontrarles el verdadero significado a sus palabras, sabía que había algo oculto en ellas, pero no lograba identificarlo. Correspondí al abrazo y le agradecí por ser ella misma, por comprender.

Hablaremos, cuando mi mente encuentre un equilibrio. Lo prometo.asintió y dejo una caricia en mi vientre.

Estoy segura de que así será. Sabrás que hacer Bells.

Sonreí apenas y asentí, no segura de que podría decir ante eso. Salió de la habitación dejándome nuevamente sumida en mis pensamientos, de seguro sería una ardua tarea organizarlos, pero por lo pronto mi desayuno era lo principal.

Comí en silencio y completamente absorta en toda aquella información que increíblemente estaba tomando su rumbo, para bien o para mal. Tantas emociones en un día, tanto que procesar, me estaban pasando factura. Al terminar deje la bandeja sobre la mesilla y aunque me sentía cansada, en mi mente empezó a formarse la idea de dar un pequeño paseo, de seguro me ayudaría a despejarme y a tomar las cosas más tranquilamente.

Así que fui al baño a tomar una relajante ducha, tomándome mi tiempo y acariciando con movimientos circulares mi vientre, recibiendo de vez en cuando una patadita de mí bebe, amaba sentirlo y poder conversar con él. Era la sensación más placentera y alegre que he podido experimentar en toda mi vida, ser madre te cambia la perspectiva de muchos sentidos, pero sobre todo sientes cada nuevo aspecto de tu vida como el más intenso y profundo.
Amaba a mi bebe, y amaría cada cosa de él, por siempre.

Al salir de la bañera, fui directamente a vestirme con el conjunto que había dejado sobre la cama antes del baño. Era un hermoso conjunto conformado por una blusa purpura con un lindo resorte en medio de mis pechos, de manga corta y destacando mi redonda pancita, junto a una imitación de jean blanco, entubado y que se ajustaba perfectamente. Le agregue unas sandalias bajas y sencillas. Me abrigue lo justo.

Mientras bajaba las escaleras sentí como si estuviera a punto de revivir aquel momento incomodo horas antes. Y me congele completamente al escuchar su voz al final de las escaleras.

―Bella.

Mi nombre en sus labios, fue un suave susurro, que me hizo temblar de pies a cabeza. Inevitablemente al hacer contacto nuestras miradas, me ruborice imposiblemente y él sonrió tiernamente, haciendo que tímidamente yo también esbozara una sonrisa.

Subió despacio y cautelosamente, hasta tomar mi mano entre las suyas y bajar junto a mí el espacio restante, mientras me perdía en la sensación de su piel rozando la mía. No quiero pensar abiertamente en lo que está sucediendo, pero supongo que habrá momento para arrepentimientos luego.

―Estas bellísima.― murmuro con un brillo hermoso en sus ojos. Asentí tímidamente desviando la mirada, avergonzada por sus halagos.

― ¿Dónde están los demás?

Trate de cambiar de tema, viendo hacia los lados en busca de los demás, pero extrañamente la casa parecía desierta a excepción de nosotros dos. Un escalofrió recorrió mi espalda, ante aquel pensamiento. Solos.

Félix mal interpreto mi estremecimiento y me acerco un abrigo del perchero, mientras él también se estaba ajustando su abrigo gris. Y con una hermosa sonrisa se encogió de hombros al tiempo que respondía.

―Te confieso que no tengo idea, solo sé que Jane está en casa de una amiga de la universidad, esta mañana me lo dijo. En cuanto a Alec no lo sé, supongo que en  la biblioteca. Ahora vamos a dar un paseo.

Me tendió su mano invitándome a que la tomara, quería sentir su tacto nuevamente, pero no sabía si era lo correcto, me sentía nerviosa. Tenía miedo, no podía arriesgarme nuevamente. No sería la única que saldría herida, no era solo yo.

Pero actuando sin pensarlo, tome aquella mano que me ofrecían, y levante la mirada, una que me mostraba tantas cosas, que no estaba segura querer descifrar en este momento. Solo quería dejar de pensar, dejarme llevar.
No sería tan malo.

―Me gustaría mucho.

Respondí a su radiante sonrisa con una no tan efusiva, pero si totalmente sincera. Él se había convertido en más que mi amigo, era mi timón, mi ancla y el lugar que se había ganado en mi corazón era imborrable aunque este le perteneciera en gran parte al amor de mi vida. Por ahora solo seriamos Bella y Félix.
……

Paseábamos por las hermosas y acogedoras calles de Londres, a pesar de ser un país frio, era maravilloso vivir aquí. El más cálido hogar en toda mi vida.

―Es maravilloso, ¿no crees?

Pregunto mientras me invitaba a sentarme en una de las sillas. El café en el que nos encontrábamos era sencillo y muy hermoso, con un tema muy antiguo y acogedor. Frente a nosotros se expandía una increíble vista de una mañana cálida, el sol brillaba tenuemente a pesar de la brisa que recorría el lugar, se podría decir era una brisa cálida.

―Sí, es hermoso.

Respondí tras unos segundos, maravillándome con la vista, empapándome de una placentera sensación. Félix me veía con una sonrisa tierna y acariciaba suavemente el dorso de mi mano. Yo solo estaba perdida en esa increíble sensación. Veía en sus ojos tanto amor, y tanta ternura, que no era capaz de verlo fijamente durante varios segundos seguidos.

― ¿Estas bien?

Pregunto, realmente preocupado, así que intente encontrar alguna excusa válida para no decirle lo que en realidad pasaba por mi mente y mi corazón.

―Sí, estoy bien, simplemente un poco abrumada por la increíble vista y la mañana tan cálida. No tienes que preocuparte. Estamos bien.

Añadí el plural, esperando que entendiera el mensaje, no quería verlo preocupado por mi culpa, no merecía tanto viniendo de un hombre tan bueno como él. Pero las cosas no siempre son como parecen y mucho menos salen como planeas.

―Qué tal si caminamos un poco. Así respirarías aire puro y te sentirás mucho mejor, te lo aseguro.

Su deslumbrante sonrisa me atrapo nuevamente, y mi corazón dio un vuelco al verla. Aun no estaba preparada para todo lo que estaba sintiendo, sin embargo estaba segura de que tarde o temprano las cosas saldrían flote. Y tenía el mal presentimiento de que estas traerían malas consecuencias.

―Me encantaría.― dije al tiempo que me levantaba y Felix tomaba mi mano.

Salimos del pequeño café y caminamos por un bello callejón, muy arquitectónico y pintoresco. Me maravillaba con cada detalle de las calles, los acabados en los almacenes, le daban un aire romántico y medieval a la ciudad, podías ver artistas callejeros, malabaristas y una que otra familia disfrutando de un día hermoso en Londres.

Cada tanto Felix me sonreía abiertamente y me regalaba pequeños besos en la mejilla cuando me lo quedaba viendo más de lo normal, e inmediatamente me ruborizaba y el solo reía complacido. Me molestaba bastante que riera a costa mía, aunque el mal humor se me esfumaba en cuanto sus dedos acariciaban mis sonrojadas mejillas.

―No sabes lo hermosa que eres, simplemente perfecta en todo el sentido, una mujer como tu resplandece por sí misma. Hace mucho no veía ese brillo en tus ojos, solo cuando hablas con este pequeño.― toco mi vientre y lo acaricio tiernamente.

―De verdad que no sabes cuantos hombres darían lo que fuera por estar a tu lado en este momento, ser el protagonista de tus sonrisas, de estos tiernos sonrojos y de besar tus labios.― me veía de una forma tan intensa, estaba prendada a su voz y a sus ojos, no podía articular palabra alguna y en cuanto observo mis labios mis ojos instantáneamente se posaron en los de él, sintiendo un cosquilleo extraño en mis labios.

―Cuanto desearía poder besarte.

Se acercó un poco más, haciendo la distancia menos corta y más torturante, deseaba algo, estoy segura, deseaba que acortara más la distancia. Deseaba que me besara, pero tenía miedo.

―No creo que un hombre quiera estar con una mujer embarazada de otro y mucho menos besarme.― pude por fin hilar una frase coherente y dije lo primero que cruzo mi mente.

―Sí que lo hay, los hombres te ven de forma lujuriosa y no me gusta, cada vez que salimos juntos. Te ven y quiero arrancarles la cabeza y poder decir que eres….

―Que soy que.― lo apremie

―Quisiera poder decir que eres mía, mi mujer.― su respuesta aunque me la imagine, no pudo 
ser más impactante, estaba anonadada.

―Felix yo…

―Quisiera poder besarte.― repitió. Y estaba hechizada nuevamente por su mirada y su dulce aliento, y yo no podía resistirlo más, debía hacer algo o sino mis hormonas explotarían y tendría una combustión espontánea, sino era que ya la estaba teniendo.

―Bésame.

Todo fue como en cámara lenta, vi como la distancia era cada vez menos, hasta que sus labios hicieron contacto con los míos, cerré mis ojos automáticamente y me deje llevar por el mar de sensaciones que atravesaban mi cuerpo. Sus labios se movían suaves y acompasados. Me tomo de la cintura y me acerco a su cuerpo todo lo que mi pancita permitía, yo enrede mis brazos en su cuello y me alce de puntillas para alcanzar mejor su boca. Su lengua delineo tentativamente mi labio inferior y entreabrí los labios para tomar un poco de aire sintiendo como recorría cada recoveco de mi boca, saboreando y reconociendo. Sentía cada caricia como una tímida mariposa, su sabor era exquisito, dulce y nuevo.

La sensación de su cabello entre mis dedos era magnifica, miles de recuerdos pasaban por mi cabeza, en los que una cabellera cobriza era la protagonista y mis dedos se enredaban deliciosamente en ella. A parte aquellas imágenes y me concentre en el rubio platinado que me besaba con amor y cariño, que me brindaba un beso sincero y lleno de entrega. Un beso que decía tanto y demostraba tan poco por mi parte.

Cuando el aire se hizo primordial, nos separamos reticentes. Sentía mis mejillas arreboladas y mis labios hinchados. El brillo en su mirada era intenso y una gran sonrisa adornaba su rostro, estaba diferente, más feliz de lo que nunca lo había visto en alguna de nuestras salidas.

Y por primera vez en meses, una genuina sonrisa afloro de mis labios. Por primera vez sentía mi corazón divido en dos a pesar de estar feliz en muchos sentidos. Acaricie tiernamente su mejilla, se reclino un poco ante mi toque cerrando los ojos y el calorcito que lleno mi corazón al ver esa imagen, fue abrumador.

―Te quiero tanto.― abrió sus ojos y trate de transmitirle en la mirada toda la sinceridad de aquellas palabras. Tomo mi rostro entre sus manos y me beso nuevamente.

―Y yo te amo tanto.

No podría decir que sabía la magnitud de esa declaración, pero si sabía que parte de mi corazón ya le pertenecía.

―Es mejor que nos vayamos, empieza a enfriar y no quiero que te resfríes, puede hacerle daño al bebe.

Asentí sin poder decir nada, sus cuidados eran bien recibidos, amaba que me cuidara de esa forma y que se comportara tan tierno cuando hablaba de mi pequeño. Paso un brazo por mi cintura posesivamente y yo me acomode en su pecho sintiendo el repiqueteo constante de su corazón. Me gustaba ese sonido.
***


―No pretendas hacerme creer que estas dormida porque sé que no es así.

Estábamos en mi departamento por petición mía, de seguro cuando llegáramos todos estarían en casa de Jane y no deseaba enfrentarme a ellos por ahora. Quería disfrutar de estos momentos tranquilos junto a Felix, su presencia me calmaba. Estaba tumbada sobre el sofá de la sala con la cabeza en su regazo, el acariciaba distraídamente mis cabellos y yo estaba sumergida en el sopor de esa caricia, no quería despertar de aquel sueño y ver que todo lo que paso fue un hermoso sueño.

―Despierta bella durmiente, son las cuatro de la tarde y debes merendar algo.― beso mi frente y junto nuestras frentes.

―No quiero. Desde que llegamos cada instante ha sido maravilloso, y no quiero despertar.

Habíamos pasado todo el día aquí en mi departamento, no había sentido vergüenza o me había arrepentido del beso que nos dimos, y él se sintió aliviado porque tampoco se arrepentía. Hablamos de todo un poco, su pasado, sin entrar en detalles dolorosos. De mi vida o la parte feliz de esta, sin mencionar a cierta persona. Del porque no quería decirme nada sobre lo que sentía, de sus miedos y los míos. Y conversamos sobre aquel beso, él se había sentido dichoso y yo feliz. No queríamos definir lo que teníamos porque ni nosotros mismos lo sabíamos.

El a pesar de todo el amor que me declaro no se sentía del todo seguro en iniciar algo serio, cuando los fantasmas del pasado aun lo perseguían y era uno de sus mayores temores hacerme sufrir. Yo por mi parte no quería salir dañada, una segunda vez sería fatal, al igual que Felix mi pasado aún estaba latente demasiado freso para escarbar en él. Y sobre todo debíamos pensar bien las cosas puesto que en mi vientre quisiera o no llevaba un hijo del hombre que significo tanto para mí y que a pesar de todo tenia parte de mi corazón en sus manos.

Almorzamos y nos tumbamos a escuchar un poco de música de Jazz acompañada de sus caricias y besos en mi rostro. Me tranquilizaba su silencio y sus besos eran delicados. Y las caricias a mi bebe eran tiernas.

―Está bien, pero tarde o temprano tendremos que enfrentarlos y sabes cómo es Rose, querrá saber todo, y Jane es un poco más directa, preguntara lo justo. Los demás también tendrán algo que comentar. Sin embargo no te preocupes, estaré allí contigo en todo momento.

Me aseguro y sonreí, estaba segura que había sonreído más veces que en los últimos meses. Mi bebe también estaba contento porque dio una patadita en el lugar que Felix tenía la mano.

―Él también se encuentra feliz. Adora que lo acaricies.

―Y yo adoro sentirlo, no es la primera vez, pero siempre es la mejor experiencia  en mi vida. 
Te amo Bella.

Abrí mis ojos en aquel momento e inconscientemente derrame una lágrima que corrió despacio mi mejilla. No podía decir aquellas palabras, no por el momento. Limpio delicadamente esa solitaria lagrima con un beso y finalmente poso sus labios en los míos.

―Algún día lo dirás. Algún día podremos dar ese paso.

―No lo sé.

Murmure al tiempo que correspondía su beso. No sabía si ese día, de verdad llegaría.
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Hola hermosas..... ufff que demora cierto? esta vez puedo decir que tengo la misma excusa de siempre y a la vez no. En parte tenia que estudiar para los examenes y por si les interesa me fue super, debo habilitar dos examenes pero en general bien. Y en parte porque no tenia mucha inspiracion y escribia muy poco por dia. Ademas me encanta leer y me pego mucho a ello. Siempre que tenga un capitulo lo publico primero aqui, asi que disfruten y comenten. 

3 Sueños compartidos:

nydia dijo...

OMG es bueno que estas de regreso me a encantado el capitulo y este chico es un sol............Besos...

Kata Morgenstern dijo...

Oh, amo este fic, de verdad, que capitulo tan bello :') Sigue así.

naty dijo...

hola acbo de encontar tu fic es hermosa la historia, perote estas olvidando de edward, si est bien bella disfrute pero q pasara si se encontrara eddy , no se, me gusta este fic pero sinto feito soy 100% team edward besos seguire al pendiente y gracias

 

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