jueves, 1 de diciembre de 2011

Corazon Roto: Capitulo 8 Viejos Amores







Viejos Amores

Edward

Ya han pasado cinco meses desde aquella tarde en la que Alice me dijo que mi Bella se había ido y no sabía en donde estaba. La he buscado por cielo mar y tierra y no tengo la más remota idea de en donde se encuentre, sé que destrocé su confianza y su corazón es algo que no me perdonaré en toda la vida.

Alice ha intentado igualmente encontrarla pero no ha tenido ninguna suerte y se culpa por no haber sido la amiga incondicional que Bella necesitaba. Cinco meses en los que mi agonía ha sido más grande que el pensamiento de perderla para siempre, cinco meses los que he estado limpiando mi nombre y quebrando las ataduras que aún me mantenían clavado en esta ciudad.

No volví a saber de Tanya o siquiera de Ángela, la persona que una vez creí mi amiga pero que  descubrí como mi peor enemigo. Hice que el padre de Tanya se enterara de todo el chantaje que ella tenía sobre mí con ayuda de Ángela, así como los daños que causo en mi vida. Y gracias a ello Tanya perdió su famosa herencia y el afecto de su padre. Luego de ese acontecimiento nada volvió a saberse de esas arpías, ya que al parecer habían perdido la fuente de diversión.

Mis padres tampoco saben de Bella o Jasper quien también era cercano a ella. Sólo descubrimos una nota en la que nos pedía disculpas pero que debía irse. Y yo como idiota lo permití, sin prever lo que ella podría hacer.

Sentía el pecho adolorido y las mañanas eran más difíciles de soportar, la casa que una vez compartí con mi Bella se sentía vacía y tenebrosa con los felices fantasmas del pasado atormentando mi mente y la poca salud mental que aún poseía.  Sentía que debía encontrarla, como si un sexto sentido me advirtiera de algo, pero no sabía qué y por ello cada falsa pista que tenía me enloquecía al punto de parecer un maniaco.

Estaba agotado en más de un sentido luego de seguir otra falsa pista que podría haberme llevado a mi esposa, pero sólo término con otro gramo de esperanza y mi hermana seguía parloteando sobre que en algún momento todo se solucionaría.

―Así que ahora solo debes tener paciencia y todo estará bien. Aunque aún no termino de entender cómo es que nuestro padre estuvó con esa mujer y nunca intuí nada en su forma de actuar que lo delatara―. Alice me miró de forma acusadora, aunque también podía notar el dolor en sus ojos.

―Alice sé que no estuvo bien haber encubierto a papá, pero no podía hacer otra cosa, es algo que nadie más debe saber mucho y menos mamá. Sufriría mucho y lo sabes.

―Lo sé, pero me parece injusto que él le haya hecho eso a ella, a pesar de los años aún lo ama profundamente. ¿De verdad te dijo que ya no la amaba?

―Si Allie, eso fue lo que dijo y debiste haber visto sus ojos, se veían tan desesperados cuando me confesó aquello y al mismo tiempo tan culpables. A pesar de lo que hizo prefirió la felicidad de nuestra madre antes que la de él.

―Dijeron que vendrían, pero creo que no es el momento.
Me abrazó y dejo descansar su cabeza en mi hombro, aún estaba tratando de asimilar todo lo que le había dicho. Pero las cosas no estaban completamente claras.

―Alice sabes que las cosas no mejoraran aun cuando encuentre a Bella y suponiendo que eso suceda, todo depende de ella. Si no la hemos encontrado es porque no quiere ser encontrada.

―Sí que mejorará, todo valdrá la pena hermanito. Yo te ayudaré―. Su abrazo cambió y me apretó un poco más fuerte del buzo que llevaba.

Algunos llevamos un gran peso en nuestros corazones que nos acompañara toda la vida, sin importar lo que hagamos para remediarlo.

― ¿Qué quieres…?―. Mi hermana se alejó de mi abrazo y me vio con una sonrisa triste, muy de la nueva Alice. Ya no sonreía.

― ¿Qué quisiste decir Allie?

―Significa que tengo un gran peso en mi corazón, que ya empieza a pasarme factura.

―No entiendo. Si te refieres a lo que te paso en París, yo puedo…― alzó un dedo deteniéndome.

―No es por eso, pero antes que nada debo intentar redimir mis culpas.

¿Qué rayos?

Sacó su teléfono móvil y marco, al segundo estaba dando órdenes que no alcancé a entender ya que se fue y siguió hacia la habitación cerrando de un portazo.
No entendía nada de lo que acaba de pasar y me preocupaba de sobremanera lo que estaba sintiendo mi hermana. Nunca estuve pendiente realmente de alguna cosa que no fuera Bella, cuando mi hermana la estaba pasando mal.

Estaba lo suficientemente abatido como para intentar descifrar lo que sucedía con mi hermana, aunque por algún motivo sentía que los Cullen estábamos destinados a sufrir toda la vida, luego o antes de probar un poco de felicidad.

―Edward, yo…― Alice salió de mi habitación del mismo modo en que entró.

― ¿Puedes decirme de una vez que es lo que te pasa?

―A veces deseo decírtelo, sin embargo, las cosas no son tan fáciles como hablar y ya. Tengo 
miedo de lo que mis decisiones han ocasionado, pero temo mas por lo que pasará.

― ¿Qué decisiones? ¿De qué hablas Alice?

―Yo lo lamento mucho, sé que soy un monstruo pero no supe que era lo correcto y que no. Solo puedo intentar remediar las cosas, así que yo…

Justo en aquel momento su teléfono sonó estruendosamente en aquel tétrico silencio. Su mirada iba de la mía al móvil y la mía solo estaba enfocada en ella, esperando. Sin saber lo que haría.

―Edward debo irme, pero te prometo que todo tiene un porque. Todo lo hice pensando en ti. Debo decirte algo que debí haberte contado desde el momento en que las cosas empezaron a salir mal―. Solo esperaba a que continuara.

Aunque muy en el fondo sabía que esto iba a dolerme, era como una muerte anunciada. Me dolía el pecho y todo parecía ir en cámara lenta.

―Alice ¿de qué estas hablando?

―Yo hice algo que me torturara por el resto de mi vida. Omití información importante pensando en que era lo mejor, pero no es así. No cuando estas destruyéndote cada día más.

―Por favor déjate de rodeos y dime de una maldita vez que es lo que hiciste―. Cerré los ojos y respiré profundamente intentando calmarme.

―Te diré todo sin omitir nada otra vez, pero en serio debo irme. Prométeme que vas a cuidarte  y no intentaras nada estúpido.

―No Alice, no más. Ha sido suficiente y lo que sea que quieras decirme me lo dices ahora mismo, estoy harto de tanto misterio y quiero saber que es lo que has guardado por estos meses. Has estado rara incluso lo de ahora.

―O me dices ya que es lo que sabes o puedes irte por donde entraste.

―Por favor escúchame, sé que es mucho pedir que me esperes unas horas pero te prometo que sabrás todo―. La miré por un largo rato en el que le hice notar cuan enfadado estaba.

―Vete ahora mismo de mi departamento Alice, sabes que te quiero pero en este mismo instante seria capaz de sacarte si no te vas por ti misma―. Sus ojos estaban aguados, pero a mi también me dolía.

Estaba harto de esta situación, sentía que todos sabían algo y no me decían, aunque me valía una mierda. Sin embargo, mi hermanita era la que mas escondía y dolía como el infierno que tuviéramos secretos. No soportaba esto. Era el menos indicado para pedir honestidad, pero me mataba aun así que ella me escondiera cosas. Y no entendía el por qué, no era como si el mundo fuera acabarse por esa información.

Aunque de cierto modo sentía que era valiosa por la forma de comportarse de Alice y su insistencia en decirme. No es la única con la que tengo que lidiar.

He tenido que lidiar con el hecho de que mi padre culpé por todo lo que me ha sucedido y mi madre intente consolarme tratándome como un niño que no puede hacer nada por sí solo. El único que ha sido parcial pero que me ha mostrado su apoyo incondicional es Jasper, quien me escucha y aconseja sin estar encima de mí.

―Está bien Edward, tomate tu tiempo y llámame si me necesitas. Le diré a mamá y a papá que vengan otro día―. Asentí sin más palabras. Era lo que esperaba.

―Te pido de todo corazón que me escuches cuando te sientas mejor. A cualquier hora puedes llamarme y vendré. Lo que debo decirte no puede esperar más―. Asentí una vez más.

Finalmente escuché la puerta principal cerrarse. Estaba solo con mi desesperanza y el dolor profundo que nunca deje salir delante de mi familia. Ahogue un sollozo al momento que cogía desesperadamente mi cabello. Las lágrimas no tardaron en aparecer bañando mi rostro, me aovillé en el sofá y grité de dolor, culpa y frustración. Todo lo que pasaba en mi vida era mi maldita culpa era el idiota más grande del mundo que dañó al ángel más bello sobre la tierra.

Que será de tú vida Bella, que estará pasando por tu cabeza en este momento. Como habrás sobrevivido al dolor que te causé mi amor, porque fui tan egoísta y robe tú inocencia llevándote conmigo hacia el abismo del infierno y tú tan dulce y hermosa me seguiste a ojos cerrados. ¿Te enamorarías? O aún peor ¿me habrás olvidado?

Sólo de pensar en aquellas preguntas me parto a la mitad, no me cabe en la cabeza que otro hombre pueda estar junto a la mujer que tanto amo. Cursi y todo pero me aterra la posibilidad de que ella esté con alguien que la proteja como no pude y que la haga tan feliz como no lo fue conmigo. A veces me imagino una vida con ella a mi lado en la que somos felices y tenemos muchos niños rodeándonos, es el sueño desde que la conocí y el que veo cada noche esfumándoseme de las manos.

En algún momento de la noche me quedé dormido, o al menos eso supongo porque de un momento a otro no sabía que era real o ficción, sólo era bruma y oscuridad. Sentí que la espalda me mataba y los ojos me ardían, sin contar que la garganta estaba seca. Así que me levanté como si tuviera todos los huesos rotos y comí algo luego de bañarme y asearme.

Cuando pude pensar con más calma y sentía cada musculo de mi cuerpo en su lugar la cabeza comenzó a idear un plan para ver a Bella si es que llegaba a encontrarla, aunque luego de cinco meses dudo que lograra hacerlo ahora.

Un papelito en el suelo llamo mi atención, supuse que era de Alice y se le había caído cuando entro al cuarto. Lo tomé leyéndolo sin poder creer lo que decía. Cogí el teléfono y marque a la aerolínea.

Sabía cuál sería mi siguiente destino. Esta podía ser una falsa pista, un callejón sin salida pero presentía que no sería así. Algo me impulsaba y estaba decidido a averiguarlo.

― Si señor ¿Destino?

―Londres.

****

La una de la madrugada y aún no conciliaba el sueño en este maldito avión, las cosas no mejoraban a medida que pasaban las horas porque no paraba de pensar en Bella y si estaría en Londres como decía el amigo de Alice. Saqué el papelito que quemaba en mi bolsillo y que había leído unas cien veces ya.

Isabella S. (Londres) 32 Abbey Lodge, St Johns Wood road, NW8 9QT, London UK

Debía ser ella pero estaba el hecho de que podían existir muchísimas Isabella en Londres, sin embargo tenía la dirección exacta y era lo más próximo a ella si es que es la indicada. Lo malo que podría pasar que me acusaran de acosador o idiota.

―Pasajeros con Destino Londres estamos por aterrizar. Por favor ajusten sus cinturones de seguridad.

El piloto anuncio nuestro descenso por los altoparlantes y una ola de nervios me embargo todo el cuerpo, una especie de excitación y miedo por lo desconocido. Si era ella ¿qué diría?
Aterrizamos y al salir sentía mi cuerpo temblar, tomé mi maleta con las pocas pertenecías que alcancé a empacar y me dirigí a la puerta principal en busca de un taxi. En cuanto hallé uno le indique la dirección y mis nervios aumentaron si es posible. No tenía idea de que hallaría en aquel lugar, si sería lo que esperaba o una falsa pista como todas las anteriores en las que recorrí todo USA  y parte de Canadá, pero de lo que si estaba seguro era de que mis manos sudaban y mi corazón parecía una bomba de tiempo anunciando lo inevitable.

­―Llegamos Señor.

―Gracias.

―Espero el amor sea su guía.

¿Qué rayos?

Justo cuando iba a preguntar que quería decir el auto desaparecía por la fría avenida. Y yo no entendía que significaba aquello que dijo. Las campanadas de la puerta al abrirse me recibieron con un sonido navideño.

El edificio era pintoresco y sencillo, tal como ella. Era medio día y el frio me calaba en los huesos. El vestíbulo era caluroso y estaba decorado con botitas, luces y muchas figuras navideñas y la nostalgia se apoderó de mí en aquel momento en el que los recuerdos de épocas maravillosas llegaban a mi mente y recordaban lo que no tenía ahora.

―Disculpe ¿me podría decir si Isabella Swan vive en el departamento 32?

La señorita detrás del mostrador pareció despabilarse en cuanto me detallo mejor y sonrió coqueta acomodándose mejor en su puesto y batiendo las pestañas. No quería saber lo que pasaba por su mente aunque lo intuía. Pero no estábamos en la misma frecuencia.

―Por favor.

―Oh si claro, espera un momento.

Sacó un libro que al parecer contenía los nombres de los dueños de cada departamento e indicó una línea finalmente.

―Aquí esta, Isabella Swan departamento 32. ¿Para que la buscas?

―Es una vieja amiga y vengo de visita, ¿puedo subir? ― pareció dudar un poco, seguramente no cualquiera llega preguntando por nadie así como así.

―No puedo dejarte seguir si no tengo su autorización―. Puse mi cara más triste que no distaba mucho de la de hace poco e intenté que me dejara pasar.

―Por favor déjame pasar, estoy enamorado y quiero darle una sorpresa.

―Soy nueva aquí y me dejaron claro no dejar pasar a nadie, pero te entiendo y se lo que es estar enamorado así que puedes seguir.

―Gracias, muchas gracias de verdad. Has sido un ángel.
―Espero que sirva de lago saltarse las reglas. ¡Recuerda piso 3! ― gritó mientras entraba rápidamente por el elevador.

En cuanto llegue al piso empecé a ubicar el número 32. Estaba eufórico y con la ansiedad recorriendo cada poro de mi piel, me sentía feliz y nervioso. Pero mayormente ansioso por verla, no podía creer que por fin la haya encontrado después de tantos meses sin saber algo de ella.

Estaba cruzando al siguiente pasillo en el que debía estar el departamento cuando la veo. Estaba saliendo del departamento sonriente y feliz. Hacía mucho que no escuchaba esa risa, pero lo que me dejo de una pieza fue el pequeño bultito que llevaba en sus brazos y el hombre que rodeaba sus hombros con un brazo. Juntos le hacían cariños al bebé que ella llevaba en brazos. Se veían tan felices y deseé en aquel momento ser ese hombre y que aquella personita fuera mía y de ella.

Era feliz y yo no. Era egoísta si, pero no soportaba verla contenta y con una familia mientras yo moría por ella y por saber si se encontraba bien.

Me escondí inmediatamente sin ser visto al parecer y mi respiración agitada. Ella no podía estar casada y con un hijo de otro, no ella. No la mujer que amo, esto no podía estar sucediendo, la mayor y más negra de mis pesadillas estaba volviéndose realidad.
Bella finalmente me olvido y creo su propia familia, como yo no pude dársela, se la arrebaté y ella tomo la oportunidad que le di.

―Felicidades Bella, lograste tu sueño. Pero me arrebataste el mio―. Era mi despedida silenciosa.

Como pude salí torpemente de allí y me metí en el elevador. Mi corazón dolía y mis lágrimas me nublaban la vista. Dolía tanto saber que todo acabó y que ella es feliz sin mí a su lado. Me partía en dos la idea de no poder ser feliz y que la teoría del abuelo sea cierta. Los Cullen no estamos hechos para la felicidad.

Caí en un hoyo negro, uno que me esperaba con los brazos abiertos y del que nunca podría levantarme.

―Hey ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ―. La recepcionista parecía preocupada, tal vez por mi aspecto.

―Vete y déjame solo. Debo irme.

―No, ¡espera!

Me deshice de su ayuda y salí de allí, tomé un taxi y lloré por ella, por mí y por un futuro junto a ella que nunca más podría ser. Uno en el que no era mía y era feliz, no pensé que su felicidad fuera al lado de otro hombre. Mis sueños y fantasías eran injustos y patéticos porque nada de eso estaba destinado a ser.

―Señor ¿se encuentra bien?

―No.

―Donde lo llevo.

―Al infierno.

Silencio. Puro y vacío como mi patética vida. Supongo que logré que el hombre al volante me llevara a un hotel porque eso parecía el lugar al cual entre 20 minutos después abatido y muerto en vida.

― ¿Edward eres tú?

De quien era esa voz, me sonaba familiar pero no lograba ubicarla en mi mente y la bruma que me embargaba. Parecía una tonta caricatura que veía todo desde la lejanía pero una sombra tapaba el espectáculo.

―Oh por Dios Edward ¿qué te ha sucedido? ― dirigí mi cabeza hacia esa voz a mis espaldas y me sorprendí al verla.

― ¿Heidi?

―Si ¿te ves mal sabias? ―. Asentí de acuerdo, era la mismísima mierda en persona.

― ¿Qué sucede? Te ves triste―. Le di la sonrisa mas sincera que tenia, aunque estaba seguro era un remedo de la verdadera.

―Me gustaría ayudarte, como en los viejos tiempos, así que ¿le contarías tus penas a una vieja amiga?

Sus azules y brillantes ojos me veían expectantes, supongo que no me haría más daño hablar con un viejo amor de las penas de mi corazón.

―Por supuesto ―. Sonrió alegre y tomó mi brazo.

―Entonces tomemos un café.

Sí, no podría hacerme daño charlar con Heidi mientras tomamos un café.
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U.UUU Chicas hermosas y chicos si los hay, les traigo lo prometido, el siguiente capitulo de esta dramatica historia que me ha hecho desfallecer de dolor y que aun les espera mucho por vivir. Dejenme sus pensamientos porfa, porque son los que alimentan esta casita que los recibe con los brazos abiertos. 



2 Sueños compartidos:

nydia dijo...

fascinante sigue asi nena,me encanta.....Besos...

kary_swan dijo...

Tonto Edward tendría que haber hablado con Bella, muero por leer el próximo capi. Please no tardes en subirlo!!!!!!!!!

 

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