Viejos Amores
Edward
Ya
han pasado cinco meses desde aquella tarde en la que Alice me dijo que mi Bella
se había ido y no sabía en donde estaba. La he buscado por cielo mar y tierra y
no tengo la más remota idea de en donde se encuentre, sé que destrocé su
confianza y su corazón es algo que no me perdonaré en toda la vida.
Alice
ha intentado igualmente encontrarla pero no ha tenido ninguna suerte y se culpa
por no haber sido la amiga incondicional que Bella necesitaba. Cinco meses en
los que mi agonía ha sido más grande que el pensamiento de perderla para
siempre, cinco meses los que he estado limpiando mi nombre y quebrando las
ataduras que aún me mantenían clavado en esta ciudad.
No
volví a saber de Tanya o siquiera de Ángela, la persona que una vez creí mi
amiga pero que descubrí como mi peor
enemigo. Hice que el padre de Tanya se enterara de todo el chantaje que ella
tenía sobre mí con ayuda de Ángela, así como los daños que causo en mi vida. Y
gracias a ello Tanya perdió su famosa herencia y el afecto de su padre. Luego
de ese acontecimiento nada volvió a saberse de esas arpías, ya que al parecer
habían perdido la fuente de diversión.
Mis
padres tampoco saben de Bella o Jasper quien también era cercano a ella. Sólo descubrimos
una nota en la que nos pedía disculpas pero que debía irse. Y yo como idiota lo
permití, sin prever lo que ella podría hacer.
Sentía
el pecho adolorido y las mañanas eran más difíciles de soportar, la casa que
una vez compartí con mi Bella se sentía vacía y tenebrosa con los felices
fantasmas del pasado atormentando mi mente y la poca salud mental que aún
poseía. Sentía que debía encontrarla,
como si un sexto sentido me advirtiera de algo, pero no sabía qué y por ello
cada falsa pista que tenía me enloquecía al punto de parecer un maniaco.
Estaba
agotado en más de un sentido luego de seguir otra falsa pista que podría
haberme llevado a mi esposa, pero sólo término con otro gramo de esperanza y mi
hermana seguía parloteando sobre que en algún momento todo se solucionaría.
―Así
que ahora solo debes tener paciencia y todo estará bien. Aunque aún no termino
de entender cómo es que nuestro padre estuvó con esa mujer y nunca intuí nada
en su forma de actuar que lo delatara―. Alice me miró de forma acusadora,
aunque también podía notar el dolor en sus ojos.
―Alice
sé que no estuvo bien haber encubierto a papá, pero no podía hacer otra cosa,
es algo que nadie más debe saber mucho y menos mamá. Sufriría mucho y lo sabes.
―Lo
sé, pero me parece injusto que él le haya hecho eso a ella, a pesar de los años
aún lo ama profundamente. ¿De verdad te dijo que ya no la amaba?
―Si
Allie, eso fue lo que dijo y debiste haber visto sus ojos, se veían tan
desesperados cuando me confesó aquello y al mismo tiempo tan culpables. A pesar
de lo que hizo prefirió la felicidad de nuestra madre antes que la de él.
―Dijeron que vendrían, pero creo que no es el momento.
Me
abrazó y dejo descansar su cabeza en mi hombro, aún estaba tratando de asimilar
todo lo que le había dicho. Pero las cosas no estaban completamente claras.
―Alice
sabes que las cosas no mejoraran aun cuando encuentre a Bella y suponiendo que
eso suceda, todo depende de ella. Si no la hemos encontrado es porque no quiere
ser encontrada.
―Sí
que mejorará, todo valdrá la pena hermanito. Yo te ayudaré―. Su abrazo cambió
y me apretó un poco más fuerte del buzo que llevaba.
―Algunos
llevamos un gran peso en nuestros corazones que nos acompañara toda la vida,
sin importar lo que hagamos para remediarlo.
― ¿Qué quieres…?―.
Mi hermana se alejó de mi abrazo y me
vio con una sonrisa triste, muy de la nueva Alice. Ya no sonreía.
―
¿Qué quisiste decir Allie?
―Significa que tengo un gran peso en mi corazón, que ya empieza a
pasarme factura.
―No entiendo. Si te refieres a lo que te paso en París, yo puedo…―
alzó un dedo deteniéndome.
―No es por eso, pero antes que nada debo intentar redimir mis culpas.
¿Qué rayos?
Sacó su teléfono móvil y marco, al segundo estaba dando órdenes que no
alcancé a entender ya que se fue y siguió hacia la habitación cerrando de un
portazo.
No entendía nada de
lo que acaba de pasar y me preocupaba de sobremanera lo que estaba sintiendo mi
hermana. Nunca estuve pendiente realmente de alguna cosa que no fuera Bella,
cuando mi hermana la estaba pasando mal.
Estaba lo suficientemente abatido como para intentar descifrar lo que sucedía
con mi hermana, aunque por algún motivo sentía que los Cullen estábamos
destinados a sufrir toda la vida, luego o antes de probar un poco de felicidad.
―Edward, yo…― Alice salió de mi habitación del mismo modo en que
entró.
― ¿Puedes decirme de una vez que es lo que te pasa?
―A veces deseo decírtelo, sin embargo, las cosas no son tan fáciles
como hablar y ya. Tengo
miedo de lo que mis decisiones han ocasionado, pero
temo mas por lo que pasará.
― ¿Qué decisiones? ¿De qué hablas Alice?
―Yo lo lamento mucho, sé que soy un monstruo pero no supe que era lo
correcto y que no. Solo puedo intentar remediar las cosas, así que yo…
Justo en aquel momento su teléfono sonó estruendosamente en aquel
tétrico silencio. Su mirada iba de la mía al móvil y la mía solo estaba
enfocada en ella, esperando. Sin saber lo que haría.
―Edward debo irme, pero te prometo que todo tiene un porque. Todo lo
hice pensando en ti. Debo decirte algo que debí haberte contado desde el
momento en que las cosas empezaron a salir mal―. Solo esperaba a que
continuara.
Aunque muy en el fondo sabía que esto iba a dolerme, era como una
muerte anunciada. Me dolía el pecho y todo parecía ir en cámara lenta.
―Alice ¿de qué estas hablando?
―Yo hice algo que me torturara por el resto de mi vida. Omití información
importante pensando en que era lo mejor, pero no es así. No cuando estas destruyéndote
cada día más.
―Por favor déjate de rodeos y dime de una maldita vez que es lo que
hiciste―. Cerré los ojos y respiré profundamente intentando calmarme.
―Te diré todo sin omitir nada otra vez, pero en serio debo irme. Prométeme
que vas a cuidarte y no intentaras nada estúpido.
―No Alice, no más. Ha sido suficiente y lo que sea que quieras decirme
me lo dices ahora mismo, estoy harto de tanto misterio y quiero saber que es lo
que has guardado por estos meses. Has estado rara incluso lo de ahora.
―O me dices ya que es lo que sabes o puedes irte por donde entraste.
―Por favor escúchame, sé que es mucho pedir que me esperes unas horas
pero te prometo que sabrás todo―. La miré por un largo rato en el que le hice
notar cuan enfadado estaba.
―Vete ahora mismo de mi departamento Alice, sabes que te quiero pero
en este mismo instante seria capaz de sacarte si no te vas por ti misma―. Sus ojos
estaban aguados, pero a mi también me dolía.
Estaba harto de esta situación, sentía que todos sabían algo y no me decían,
aunque me valía una mierda. Sin embargo, mi hermanita era la que mas escondía y
dolía como el infierno que tuviéramos secretos. No soportaba esto. Era el menos
indicado para pedir honestidad, pero me mataba aun así que ella me escondiera
cosas. Y no entendía el por qué, no era como si el mundo fuera acabarse por esa
información.
Aunque de cierto modo sentía que era valiosa por la forma de
comportarse de Alice y su insistencia en decirme. No es la única con la que
tengo que lidiar.
He tenido que lidiar con el hecho de que mi padre culpé por todo lo
que me ha sucedido y mi madre intente consolarme tratándome como un niño que no
puede hacer nada por sí solo. El único que ha sido parcial pero que me ha
mostrado su apoyo incondicional es Jasper, quien me escucha y aconseja sin
estar encima de mí.
―Está bien Edward, tomate tu tiempo y llámame si me necesitas. Le diré
a mamá y a papá que vengan otro día―. Asentí sin más palabras. Era lo que
esperaba.
―Te pido de todo corazón que me escuches cuando te sientas mejor. A cualquier
hora puedes llamarme y vendré. Lo que debo decirte no puede esperar más―. Asentí
una vez más.
Finalmente escuché la puerta principal cerrarse. Estaba solo con mi
desesperanza y el dolor profundo que nunca deje salir delante de mi familia.
Ahogue un sollozo al momento que cogía desesperadamente mi cabello. Las
lágrimas no tardaron en aparecer bañando mi rostro, me aovillé en el sofá y
grité de dolor, culpa y frustración. Todo lo que pasaba en mi vida era mi
maldita culpa era el idiota más grande del mundo que dañó al ángel más bello
sobre la tierra.
Que será de tú vida Bella, que estará pasando por tu cabeza en este
momento. Como habrás sobrevivido al dolor que te causé mi amor, porque fui tan
egoísta y robe tú inocencia llevándote conmigo hacia el abismo del infierno y
tú tan dulce y hermosa me seguiste a ojos cerrados. ¿Te enamorarías? O aún peor
¿me habrás olvidado?
Sólo de pensar en aquellas preguntas me parto a la mitad, no me cabe
en la cabeza que otro hombre pueda estar junto a la mujer que tanto amo. Cursi
y todo pero me aterra la posibilidad de que ella esté con alguien que la
proteja como no pude y que la haga tan feliz como no lo fue conmigo. A veces me
imagino una vida con ella a mi lado en la que somos felices y tenemos muchos
niños rodeándonos, es el sueño desde que la conocí y el que veo cada noche
esfumándoseme de las manos.
En algún momento de la noche me quedé dormido, o al menos eso supongo
porque de un momento a otro no sabía que era real o ficción, sólo era bruma y
oscuridad. Sentí que la espalda me mataba y los ojos me ardían, sin contar que
la garganta estaba seca. Así que me levanté como si tuviera todos los huesos
rotos y comí algo luego de bañarme y asearme.
Cuando pude pensar con más calma y sentía cada musculo de mi cuerpo en
su lugar la cabeza comenzó a idear un plan para ver a Bella si es que llegaba a
encontrarla, aunque luego de cinco meses dudo que lograra hacerlo ahora.
Un papelito en el suelo llamo mi atención, supuse que era de Alice y
se le había caído cuando entro al cuarto. Lo tomé leyéndolo sin poder creer lo
que decía. Cogí el teléfono y marque a la aerolínea.
Sabía cuál sería mi siguiente destino. Esta podía ser una falsa pista,
un callejón sin salida pero presentía que no sería así. Algo me impulsaba y
estaba decidido a averiguarlo.
― Si señor ¿Destino?
―Londres.
****
La una de la madrugada y aún no conciliaba el sueño en
este maldito avión, las cosas no mejoraban a medida que pasaban las horas
porque no paraba de pensar en Bella y si estaría en Londres como decía el amigo
de Alice. Saqué el papelito que quemaba en mi bolsillo y que había leído unas
cien veces ya.
Isabella S. (Londres)
32 Abbey Lodge, St Johns Wood road, NW8 9QT, London UK
Debía
ser ella pero estaba el hecho de que podían existir muchísimas Isabella en
Londres, sin embargo tenía la dirección exacta y era lo más próximo a ella si
es que es la indicada. Lo malo que podría pasar que me acusaran de acosador o
idiota.
―Pasajeros con Destino Londres estamos por aterrizar. Por favor
ajusten sus cinturones de seguridad.
El piloto anuncio nuestro descenso por los altoparlantes y una ola de
nervios me embargo todo el cuerpo, una especie de excitación y miedo por lo
desconocido. Si era ella ¿qué diría?
Aterrizamos y al salir sentía mi cuerpo temblar, tomé mi maleta con
las pocas pertenecías que alcancé a empacar y me dirigí a la puerta principal
en busca de un taxi. En cuanto hallé uno le indique la dirección y mis nervios
aumentaron si es posible. No tenía idea de que hallaría en aquel lugar, si
sería lo que esperaba o una falsa pista como todas las anteriores en las que
recorrí todo USA y parte de Canadá, pero
de lo que si estaba seguro era de que mis manos sudaban y mi corazón parecía una
bomba de tiempo anunciando lo inevitable.
―Llegamos Señor.
―Gracias.
―Espero el amor sea su guía.
¿Qué rayos?
Justo cuando iba a preguntar que quería decir el auto desaparecía por
la fría avenida. Y yo no entendía que significaba aquello que dijo. Las
campanadas de la puerta al abrirse me recibieron con un sonido navideño.
El edificio era pintoresco y sencillo, tal como ella. Era medio día y
el frio me calaba en los huesos. El vestíbulo era caluroso y estaba decorado
con botitas, luces y muchas figuras navideñas y la nostalgia se apoderó de mí
en aquel momento en el que los recuerdos de épocas maravillosas llegaban a mi
mente y recordaban lo que no tenía ahora.
―Disculpe ¿me podría decir si Isabella Swan vive en el departamento
32?
La señorita detrás del mostrador pareció despabilarse en cuanto me
detallo mejor y sonrió coqueta acomodándose mejor en su puesto y batiendo las
pestañas. No quería saber lo que pasaba por su mente aunque lo intuía. Pero no
estábamos en la misma frecuencia.
―Por favor.
―Oh si claro, espera un momento.
Sacó un libro que al parecer contenía los nombres de los dueños de
cada departamento e indicó una línea finalmente.
―Aquí esta, Isabella Swan departamento 32. ¿Para que la buscas?
―Es una vieja amiga y vengo de visita, ¿puedo subir? ― pareció dudar
un poco, seguramente no cualquiera llega preguntando por nadie así como así.
―No puedo dejarte seguir si no tengo su autorización ―. Puse mi cara más triste que no distaba mucho de la de hace poco e
intenté que me dejara pasar.
―Por favor déjame pasar, estoy enamorado y quiero darle una sorpresa.
―Soy nueva aquí y me dejaron claro no dejar pasar a nadie, pero te
entiendo y se lo que es estar enamorado así que puedes seguir.
―Gracias, muchas gracias de verdad. Has sido un ángel.
―Espero que sirva de lago saltarse las reglas. ¡Recuerda piso 3! ―
gritó mientras entraba rápidamente por el elevador.
En cuanto llegue al piso empecé a ubicar el número 32. Estaba eufórico
y con la ansiedad recorriendo cada poro de mi piel, me sentía feliz y nervioso.
Pero mayormente ansioso por verla, no podía creer que por fin la haya
encontrado después de tantos meses sin saber algo de ella.
Estaba cruzando al siguiente pasillo en el que debía estar el
departamento cuando la veo. Estaba saliendo del departamento sonriente y feliz.
Hacía mucho que no escuchaba esa risa, pero lo que me dejo de una pieza fue el
pequeño bultito que llevaba en sus brazos y el hombre que rodeaba sus hombros
con un brazo. Juntos le hacían cariños al bebé que ella llevaba en brazos. Se
veían tan felices y deseé en aquel momento ser ese hombre y que aquella
personita fuera mía y de ella.
Era feliz y yo no. Era egoísta si, pero no soportaba verla contenta y
con una familia mientras yo moría por ella y por saber si se encontraba bien.
Me escondí inmediatamente sin ser visto al parecer y mi respiración
agitada. Ella no podía estar casada y con un hijo de otro, no ella. No la mujer
que amo, esto no podía estar sucediendo, la mayor y más negra de mis pesadillas
estaba volviéndose realidad.
Bella finalmente me olvido y creo su propia familia, como yo no pude
dársela, se la arrebaté y ella tomo la oportunidad que le di.
―Felicidades Bella, lograste tu sueño. Pero me arrebataste el mio―. Era
mi despedida silenciosa.
Como pude salí torpemente de allí y me metí en el elevador. Mi corazón
dolía y mis lágrimas me nublaban la vista. Dolía tanto saber que todo acabó y
que ella es feliz sin mí a su lado. Me partía en dos la idea de no poder ser feliz
y que la teoría del abuelo sea cierta. Los Cullen no estamos hechos para la
felicidad.
Caí en un hoyo negro, uno que me esperaba con los brazos abiertos y del
que nunca podría levantarme.
―Hey ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ―. La recepcionista parecía preocupada,
tal vez por mi aspecto.
―Vete y déjame solo. Debo irme.
―No, ¡espera!
Me deshice de su ayuda y salí de allí, tomé un taxi y lloré por ella,
por mí y por un futuro junto a ella que nunca más podría ser. Uno en el que no
era mía y era feliz, no pensé que su felicidad fuera al lado de otro hombre.
Mis sueños y fantasías eran injustos y patéticos porque nada de eso estaba
destinado a ser.
―Señor ¿se encuentra bien?
―No.
―Donde lo llevo.
―Al infierno.
Silencio. Puro y vacío como mi patética vida. Supongo que logré que el
hombre al volante me llevara a un hotel porque eso parecía el lugar al cual
entre 20 minutos después abatido y muerto en vida.
― ¿Edward eres tú?
De quien era esa voz, me sonaba familiar pero no lograba ubicarla en
mi mente y la bruma que me embargaba. Parecía una tonta caricatura que veía todo
desde la lejanía pero una sombra tapaba el espectáculo.
―Oh por Dios Edward ¿qué te ha sucedido? ― dirigí mi cabeza hacia esa
voz a mis espaldas y me sorprendí al verla.
― ¿Heidi?
―Si ¿te ves mal sabias? ―. Asentí de acuerdo, era la mismísima mierda
en persona.
― ¿Qué sucede? Te ves triste―. Le di la sonrisa mas sincera que tenia,
aunque estaba seguro era un remedo de la verdadera.
―Me gustaría ayudarte, como en los viejos tiempos, así que ¿le
contarías tus penas a una vieja amiga?
Sus azules y brillantes ojos me veían expectantes, supongo que no me
haría más daño hablar con un viejo amor de las penas de mi corazón.
―Por supuesto ―. Sonrió alegre y tomó mi brazo.
―Entonces tomemos un café.
Sí, no podría hacerme daño charlar con Heidi mientras tomamos un café.
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U.UUU Chicas hermosas y chicos si los hay, les traigo lo prometido, el siguiente capitulo de esta dramatica historia que me ha hecho desfallecer de dolor y que aun les espera mucho por vivir. Dejenme sus pensamientos porfa, porque son los que alimentan esta casita que los recibe con los brazos abiertos.







2 Sueños compartidos:
fascinante sigue asi nena,me encanta.....Besos...
Tonto Edward tendría que haber hablado con Bella, muero por leer el próximo capi. Please no tardes en subirlo!!!!!!!!!
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